Letras y matemáticas (otro refrito)
Estamos muy contentas por la aceptación que está teniendo el experimento de BollosferaTV, las mujeres visibles y otros vídeos. Algo nos ha sorprendido y es que si bien, todos los testimonios de las chicas están teniendo muchas descargas el de Arantxa, que habla de bisexualidad, triplica casi las descargas del resto. Interesante si tomamos en cuenta que a pesar de esas afirmaciones genéricas de la bisexualidad, que somos más en número y que se yo... Todo lo que suele decirse, lo cierto es que somos (yo soy la bisexual de bollosferablog) la gente menos visible, quienes menos se sinceran y se atreven a vivir honestamente su orientación sexual (aquí hablo en tercera persona aunque llegar a esto costó bastante). Nuestra orientación sexual además suele utilizarse bastante de excusa para no salir del armario, para mantener «segundos frentes» y si a eso sumas el escaso entendimiento que se recibe de uno y otro mundo (Arantxa lo explica bien en el vídeo), el plato de la invisibilidad está servido.
Todo esto me anima a rescatar otro antiguo post y publicarlo ahora aquí: Sobre letras y matemáticas, sobre opciones y decisiones, sobre «indefiniciones» que no son tales.
21 Junio 2006
Letras y matemáticas
La madre acude a su interlocutora para preguntar cosas que no termina de entender. Al fin su hijo le ha soltado a la cara lo que ella sospechaba, pero no se lo ha dicho de la manera que esperaba no, simplemente ha confirmado sentirse emocionalmente y sexualmente atraído por ambos sexos.
La madre estaba medianamente preparada para la homosexualidad de su hijo e inclusive para aceptarla aún cuando la considerara «una desviación» pero ¿ambos sexos? ¿eso cómo se come?. La madre se queja por que su hijo no confía en ella. Y si confía contándote lo que siente, si te habla de sus inclinaciones —piensa la interlocutora— habrá más motivo para la tragedia, siempre habrá motivo para la tragedia. La interlocutora calla lo que piensa porque sabe que no servirá de nada decirlo.
—Hace rato que le pregunto si tiene alguna «desviación» y no ha querido confiar en mi —se queja la madre—. Ahora me sale con esto, lo que pasa es que no quiere asumirse.
Acabáramos, la interlocutora no se aguanta más. Es difícil callar cuando comienzan a tocarte las narices con ciertas afirmaciones.
—No le has preguntado por su condición sexual —dice interlocutora calmadamente— le has preguntado por su desviación. La condición sexual no es una desviación, deberías saberlo a éstas alturas de la vida. Si le llamas desviado de entrada, no puedes esperar a que confíe en ti. El sabe que no es ningún desviado y que por ti hablan los prejuicios.
—Hija que quieres —dice la madre en tono lastimero— para mi es una desviación, o es calvo o tiene pelos cómo van a gustarte los dos sexos.
Interlocutora piensa lo que jode la teoría de género pero se calla, que si la bisexualidad está causando este barullo en la cabeza de la madre, no quiere pensar en lo que pasaría si su hijo fuera, por ejemplo, mujer transexual y a la vez lesbiana.
—De todas maneras, el ya sabe que lo aceptaré como sea. Se lo he dicho
—Claro, claro —dice interlocutora con fastidio— le aceptarás a pesar de ser un desviado. Lo aceptarías aunque fuera Jack the Ripper… Leñes, vaya consuelo. Si es que tu hijo debería saltar de entusiasmo con «tu aceptación», no entiendo como no confía en ti… No lo entiendo.
—Es que… ¿Que es eso de atracción física y emocional por ambos sexos? —insiste machacona, hay que joderse— Eso no es posible.
—Ya, ya… O te gustan las letras o las matemáticas, no te pueden gustar las dos cosas. Pues mira, esta semana he conocido a una matemática que mola… Calcula la letra del DNI sin programa informático y escribe textos de moscas en la garganta que bien podría animarse a publicar. Alguien debería decirle a esa tía que lo hace mal, que la vida son letras o matemáticas pero las dos cosas ¡Ni de coña! Vamos —la interlocutora ya comienza a sacar su internacionalmente conocido mal genio— no fastidies.
—Esa no es una comparación válida, no se trata de eso
—Ni tampoco de calvos o con pelos —responde la interlocutora, tratando de volver a la calma—, la vida es bastante más compleja que eso. Tienes 30 años de desfase, a ver si te pones al día.
—Vale —dice la madre— tendré que aprender, tendré que buscar información porque no lo entiendo.
—Te pasaré alguno que otro texto —reacciona con rapidez la interlocutora pensando que si no le pasa alguna literatura decente seguro le da por leer a Aquilino Polaino o Charles Socarides— pero mejor escucha a tu hijo.
La madre sigue diciendo unas cuantas tonterías más pero la interlocutora no la escucha. Porque la interlocutora es disléxica y con problemas de atención, así que tiene que hacer mucho esfuerzo para mantener el interés en un tema. La interlocutora ahora se limita a pensar que la madre había recurrido a ella porque sabe que ella también es bisexual. La interlocutora ha esperado que la madre del chico toque también el tema de su sexualidad. Espera a que le pregunte aquello que sabe ha estado intrigando a la buena mujer por mucho tiempo: el porqué la interlocutora «no se define», como si ser bisexual fuera asunto de indefinición. Pero no, la madre prefiere jugar el cómodo juego de la ignorancia y la interlocutora se pregunta porque juega el mismo juego cuando ella va por la vida con la palabra bisexual como segundo apellido en la tarjeta de presentación y tiene un blog cuya dirección conoce todo el mundo incluyendo esta mujer que sigue hablando a lo lejos.
Y cuando la interlocutora va a cortar su monólogo para decirle que a ella también le gustan las matemáticas y las letras, buscando acabar con la charada de una vez por todas, la madre termina su discurso.
—Está bien, entiendo que tengo que hablar con él, que tengo que aprender a entender la bisexualidad. Tal y como se presenta la cosa parece que es un gen familiar que habrá que aceptar.
Ok sister, piensa la interlocutora, dejémoslo así. Supongo que hoy tu cerebro ha asimilado bastante y yo no tengo vocación docente, aprende por ti misma.
PD: Una parte de éste relato es ficción, el resto no. A mi me gustan las letras aunque lamentablemente siempre se me dieron mal las matemáticas, es una lástima, me habría gustado que se me dieran bien...






3 comentarios
hace 10 meses y 2 días
Todos tenemos alma y corazòn supuestamente racionales porque me juzgan por amar a una mujer quien tiene derecho a juzgar con quien te acuestas o te levantas si yo no te miro raro ni me escandalizo cuando vas con tu pareja de la mano porque miran a mi por ser lesbiana no soy tan libre como tu a vivir con quien me plazca al igual que no hay diferencias en un negro,un amarillo o un blanco tampoco las hay entre un hetero y un homosexual somos iguales deberiamos compartir los mismos derechos que eso no fuese una lucha para nadie hasta que esta socieda nos deje de ver como una minoria o un colectivo sino como personas individuales sea cual sea nuestra orientacion hasta que no se les haga raro ver a dos homosexuales criando un hijo,legalizando su amor o simplemente dandose la mano por la calle seguiremos luchando por hacernos visibles para que nos vean iguales y se den cuenta que nadie les juzga a ellos por ser heterosexuales.Igualda entre seres humanos,respeto a la intimidad que deje de ser dificil reconocer que eres homosexual por miedo al reproche
visibilicemosnos para hacer de este mundo un mundo mas amable mas respetuoso y con mas amor no somos seres graciosos somos seres humano con las mismas inquetudes y corazon
(nota: movido por admin)
hace 10 meses y 1 día
Supongo que el principal problema de reconocimiento de una persona bisexual es el derivado de que la bisexualidad ha sido, tradicionalmente, bipolar. Me explico: el lado heterosexual para lo público/visible, el lado homosexual para lo privado/invisible. Cuando la vertiente homoerótica del hecho bisexual se vive públicamente, y si coincide con un estado monógamo, entonces ya no hablamos de bisexualidad teórica, sino de un comportamiento plenamente homosexual. Y por otro lado, todos conocemos bisexuales que han prolongado hasta la saciedad esa dinámica público-hetero / privado-homo que les ha hecho ganarse el desprecio de muchos, tanto bisexuales como homosexuales, que viven su sexualidad abiertamente. Un poco como el famoso «mi homosexualidad es algo privado que a nadie le importa». A mí, evidentemente, me da exactamente igual que una mujer sea bisexual; lo que no me daría igual es que esa mujer me tuviera metidita en la cama en su lado más bollo para después llevar una vida heterosexual normalizada. Eso no es bisexualidad: es hipocresía.
hace 10 meses y 1 día
Por supuesto es lo que decimos en la intro... Una excusa para mantener segundos frentes. Yo coincido plenamente contigo en eso (lo sabes). Como todo es cuestión de aceptación y ya sea por condicionamiento, por comodidad o simplemente por homofobia internalizada l@s bisexuales en buena mayoría, siempre hemos puesto «la vida privada» como la excusa para mantener una vida heteronormalizada y una persona que del mismo sexo dentro del armario. Pero digan lo que digan y por buena que parezca ser la excusa, tienes razón, no es más que pura hipocresía. Hoy este tema me toca particularmente
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